Todo en el Universo está formado por campos de energía vibrando a diferentes frecuencias e impregnándolo todo. Nuestro cuerpo físico se conecta a ese enorme campo de energía a través de los chakras, unos centros psíquicos que se encuentran en actividad en todo momento, seamos concientes de ello o no.
La energía recorre el cuerpo a través de los chakras, (que en sánscrito significa “rueda” o “circulo”) comenzando por la base de la columna (chakra rojo o base) y llegando hasta la parte superior de la cabeza (chakra violeta o de la coronilla). Entre estos dos puntos se encuentran otros cinco centros energéticos (chakras) que tienen una parte frontal y otra posterior. Todos ellos forman los 7 chakras principales.

Los grandes maestros de la antigüedad afirmaban que gran parte de la energía del ser humano se encuentra “dormida”, es decir, que casi el 90% de nuestra energía física, sutil y psíquica se encuentra en estado latente esperando ser “despertada”. A esta energía dormida se le denominó Kundalini. Este término procede de la palabra sánscrita kundal, que significa “enroscar”, ya que lo comparaban con una serpiente dormida y enroscada que al despertar asciende en forma de espiral.